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Concluye la estación Pachamama: Lo que crece debajo de la superficie brota en Ostara

Pachamama/Imbolc termina en el umbral de Ostara: una estación que estuvo signida por el devolver, cuidar y preparar aquello que comienza a emerger.

La Rueda Calendárica Austral no propone solamente cambiar de fecha. Propone observar qué cambia alrededor y qué nos está pasando mientras ese cambio ocurre.

El 7 de agosto terminó la estación de Inti Raymi / Yule, asociada al retorno de la luz después de la noche más larga del año, y comenzó entonces Pachamama, una estación atravesada por una pregunta sencilla y profunda: ¿qué nos sostiene y qué hacemos con aquello que recibimos?

Agosto abrió ese período con el gesto de la devolución. En las prácticas andinas, la relación con la Pachamama no se reduce a una idea de naturaleza ni a un escenario donde suceden nuestras vidas. Hay allí una relación de reciprocidad: recibir, agradecer, alimentar, cuidar y devolver.

Por eso Pachamama no fue solamente una estación para hablar de abundancia. Fue también una invitación a reconocer aquello de lo que dependemos. Y a preguntarnos qué estamos alimentando mientras todavía no podemos ver sus resultados.

Una estación atravesada por eclipses

Pachamama comenzó en un momento particularmente intenso del calendario astrológico. El 12 de agosto se produjo un eclipse solar total en 20° de Leo, seguido el 28 de ese mismo mes por un eclipse lunar parcial en 4° de Piscis. Fueron los dos últimos eclipses de 2026 y marcaron una temporada que puso en movimiento los ejes Leo–Acuario y Piscis–Virgo.

Entre ambos eclipses, el Sol pasó de Leo a Virgo. Mercurio también ingresó en Virgo, mientras Marte se desplazó a Cáncer. El 31 de agosto, Júpiter en Leo formó un trígono con Saturno retrógrado en Aries, una configuración que vinculó expansión y estructura en el lenguaje simbólico de la astrología.

Septiembre cambió nuevamente el ritmo. El 10, Urano comenzó su retrogradación en Géminis. Ese mismo día Mercurio ingresó en Libra y Venus en Escorpio. El 15, Neptuno y Plutón formaron un sextil en los primeros grados de Aries y Acuario. El 17, Quirón retrógrado volvió a Aries.

No hace falta convertir cada tránsito en un acontecimiento. Pero sí podemos mirar el conjunto: Pachamama transcurrió entre dos eclipses y terminó mientras varias configuraciones importantes comenzaban a cambiar de dirección.

La estación habló de aquello que todavía no vemos. La astrología del período acompañó esa imagen con movimientos que, simbólicamente, remiten a revisión, reorganización y cambio de perspectiva.

Lo que ocurre debajo de la superficie

Durante el invierno austral, la naturaleza parece detenerse. Pero la quietud no significa ausencia de movimiento. La semilla no está haciendo nada visible y, sin embargo, está haciendo algo. La tierra parece inmóvil y, debajo, los procesos continúan. Pachamama puede leerse desde ahí.

Hay momentos en los que producir, avanzar o mostrar resultados no es lo más importante. Hay momentos para preparar las condiciones para cuidar una relación, ordenar una idea, aprender algo, recuperar una práctica, reconocer una necesidad o devolver algo que habíamos recibido. Así como para alimentar un proyecto que todavía no tiene forma suficiente para mostrarse.

La transformación muchas veces empieza mucho antes de que podamos reconocerla como transformación. Ese fue, quizás, uno de los movimientos centrales de esta estación: aprender a prestar atención a lo que todavía no es visible.

¿Por qué Pachamama comienza en 15° de Leo?

Hay una razón para que cada estación de la Rueda Calendárica Austral tenga un grado zodiacal preciso.

La rueda no está construida solamente a partir de las cuatro fechas que conocemos como solsticios y equinoccios. Entre esos cuatro grandes puntos existen otros cuatro momentos intermedios: los puntos medios de las estaciones.

En astrología, los equinoccios y solsticios corresponden al ingreso del Sol en los signos cardinales: 0° Aries, 0° Cáncer, 0° Libra y 0° Capricornio.

Los cuatro puntos intermedios se ubican en el centro de los signos fijos: 15° Tauro, 15° Leo, 15° Escorpio y 15° Acuario. Son los llamados cross-quarter days, los momentos que dividen cada estación en dos.

Por eso 15° Leo no es un grado elegido arbitrariamente para comenzar Pachamama.

Es el punto medio entre 0° Cáncer, donde comienza el invierno solar, y 0° Libra, donde comienza la primavera. Entre ambos hay 90 grados zodiacales; exactamente en la mitad encontramos 15° Leo.

En el calendario tradicional del hemisferio norte, este punto está asociado a Lughnasadh o Lammas, una celebración vinculada con la primera cosecha. Pero cuando trasladamos esta estructura al hemisferio austral sucede algo fundamental: las estaciones se invierten.

Cuando el Sol alcanza 15° de Leo, nosotros estamos atravesando el invierno.

Por eso la RAC no toma Lughnasadh y simplemente lo traslada de hemisferio. Toma la lógica de los ocho puntos solares del año y la pone en diálogo con tradiciones estacionales propias de nuestro territorio.

En el mismo punto zodiacal donde el hemisferio norte comienza a reconocer los frutos de una temporada de crecimiento, el hemisferio sur todavía está atravesando el frío y preparándose para la primavera.

Ahí aparece Pachamama.

El 15° de Leo funciona entonces como una bisagra: el centro del invierno austral y, al mismo tiempo, el momento en que el ciclo comienza a inclinarse hacia la primavera.

No estamos todavía en Ostara. Pero tampoco estamos en el mismo invierno que comenzó en Yule.

Algo cambió. La luz ya lleva semanas regresando después del solsticio. El ciclo solar se encuentra en su punto medio. La tierra sigue atravesando el invierno, pero la próxima estación empieza a prepararse.

Por eso Pachamama ocupa este lugar.

Su lógica no es la de la expansión visible sino la de la reciprocidad, el cuidado y la preparación. Y esto permite entender también por qué la estación termina cuando el Sol llega a 0° Libra, con el equinoccio de primavera.

Entre 15° Leo y 0° Libra se produce el último tramo del invierno austral: aquello que fue cuidado y preparado comienza a encontrarse con condiciones nuevas para emerger.

La Rueda queda así organizada en ocho estaciones: cuatro grandes umbrales solares —los solsticios y equinoccios— y cuatro puntos intermedios —los 15° de los signos fijos—.

Una estructura de ocho momentos que permite observar algo que un calendario de cuatro estaciones deja menos visible: los cambios importantes no ocurren solamente cuando termina una estación y comienza otra. También existen momentos intermedios en los que el ciclo cambia de dirección.

Pachamama comienza en uno de ellos. Y Ostara llegará en el siguiente gran umbral: 0° Libra, el equinoccio de primavera austral.

Dos tradiciones para pensar el umbral

La estación de Pachamama tiene un origen particular dentro de la Rueda Calendárica Austral.

No se trata de una celebración inventada para nombrar agosto, sino de incorporar a la rueda una tradición viva del mundo andino, profundamente arraigada en el Noroeste argentino, Bolivia y Perú. El 1° de agosto es una fecha central del calendario ritual y agrícola-ganadero andino, vinculada al agradecimiento, las ofrendas y el comienzo de un nuevo ciclo productivo.

En muchas comunidades, el ritual comienza con la preparación de la casa y continúa con la apertura de un pequeño pozo en la tierra, la llamada boca de la Pacha. Allí se depositan alimentos, bebidas, hojas de coca y otros elementos. Se sahúma el espacio, se canta, se comparte comida y finalmente se vuelve a cerrar el pozo. El gesto fundamental es alimentar a la tierra: devolver una parte de aquello que durante el ciclo anterior hizo posible la vida.

Las formas concretas varían según las comunidades y los territorios. No existe un único ritual de Pachamama. Lo que aparece como núcleo común es una relación de reciprocidad: agradecer lo recibido, pedir protección y fertilidad y renovar el vínculo con la tierra. Agosto tiene además un carácter particular porque, en muchas regiones andinas, es un período de frío, escasez y riesgo para personas, animales y cultivos. Atravesarlo supone también prepararse para el nuevo ciclo agrícola.

Hay aquí algo especialmente significativo para nuestra rueda: la tierra no es solamente aquello que recibe una ofrenda; es aquello que hace posible la continuidad del ciclo.

Imbolc: el otro lado del umbral

Para construir la Rueda Calendárica Austral también recuperamos una tradición procedente de otra geografía: Imbolc, una antigua festividad estacional de Irlanda.

Imbolc se celebraba alrededor del 1° de febrero, cuando el invierno todavía no había terminado pero comenzaban a aparecer las primeras señales de la primavera. Su relación con la fertilidad, el nacimiento de los animales y especialmente la lactancia de las ovejas está documentada en las tradiciones irlandesas. Con el tiempo, la celebración quedó estrechamente vinculada a Brígida, primero como figura de la tradición gaélica y posteriormente como Santa Brígida.

En la tradición popular irlandesa, el pasaje se acompañaba con rituales domésticos destinados a proteger la casa, los animales y los futuros cultivos. Se tejían cruces de Santa Brígida con paja, juncos o materiales vegetales y se las colocaba en las viviendas y establos. También se visitaban pozos asociados a Brígida, se dejaban telas o cintas como ofrendas y se realizaban comidas familiares y procesiones con figuras de la santa.

La tradición cristiana incorporó buena parte de estas prácticas y las vinculó a Santa Brígida. El propio Museo Nacional de Irlanda señala la continuidad entre Imbolc y la festividad cristiana, aunque la investigación histórica advierte que no todo lo que hoy se cuenta sobre Imbolc puede reconstruirse con certeza como una práctica precristiana original.

En ambos casos aparece, sin embargo, una preocupación semejante: cómo atravesar un momento de transición y preparar las condiciones para la vida que viene.

Pachamama lo expresa desde la reciprocidad con la tierra. Imbolc, desde el despertar de la fertilidad y la protección de aquello que comienza a crecer.

No son la misma tradición ni pertenecen al mismo universo cultural. La Rueda las pone en conversación desde otro lugar: el de los ciclos estacionales del hemisferio austral. Por eso Pachamama ocupa en nuestra rueda el tramo que conduce desde el invierno hacia la primavera. Y por eso su cierre no significa que todo lo preparado ya sea visible. Significa que el tiempo de preparar la tierra comienza a transformarse en tiempo de emergencia.

Ahí comienza Ostara.

22 de septiembre: Ostara

Ahora la rueda vuelve a girar. El 22 de septiembre, con el equinoccio de primavera austral, comienza Ostara, la tercera estación de la Rueda Calendárica Austral.

El equinoccio marca el momento en que el Sol ingresa en Libra y comienza la primavera astronómica en el hemisferio sur. Después de la noche invernal y de la estación dedicada a la tierra, llega otro tipo de movimiento.

La luz ya no está solamente regresando. Empieza a hacerse visible aquello que venía preparándose. Ostara es emergencia, es brote, es aparición.

No es todavía la plenitud de la primavera. Es el momento en que podemos comenzar a reconocer sus primeras señales. Por eso cambia también la pregunta. Si Pachamama nos llevó a mirar qué recibimos, qué necesitamos cuidar y qué estamos alimentando, Ostara abre una cuestión diferente:

¿Qué estamos listos para hacer crecer?

Una idea puede convertirse en proyecto. Un aprendizaje puede convertirse en práctica. Una intención puede convertirse en decisión. Algo que durante meses permaneció en segundo plano puede comenzar a ocupar espacio.

La primavera no aparece de una sola vez. Primero emerge algo pequeño. Un brote. Una variación en la temperatura. Más horas de luz. Una señal que permite reconocer que el ciclo cambió.

La rueda sigue girando

Pachamama termina dejando una pregunta: ¿Qué estamos alimentando? Ostara comienza con otra: ¿Qué estamos dispuestos a hacer crecer? Entre ambas hay una diferencia importante. Una mira hacia las condiciones. La otra empieza a mirar hacia la acción. Pero no hay ruptura entre las dos.

Lo que emerge en primavera depende, en buena medida, de aquello que pudo sostenerse durante el invierno. Por eso la Rueda Calendárica Austral no busca convertir el calendario en una sucesión de consignas. Busca recuperar una relación con el tiempo. Reconocer que hay momentos para detenerse, devolver, cuidar y preparar. Y hay otros para aparecer, comenzar, experimentar y hacer crecer.

El 22 de septiembre empieza Ostara. No porque todo esté listo. Sino porque algo empieza a estarlo. Y quizá esa sea la señal que vale la pena observar ahora: qué estaba creciendo debajo de la superficie y comienza, finalmente, a hacerse visible.